Andamos en la luna
desde lo alto de buenavista, el cielo se abre todos los días delante nuestro. 3 años de batalla, de bailes de golondrinas en los aires; las nubes pasaban, se detenían, nosotras nos quedábamos en nuestro refugio improvisado. invisibles aunque las ganas nunca faltaron- no gritábamos, pero tampoco susurrábamos. solo hablábamos, no tanto de nosotras. nuestras palabras querían construir relaciones, ni posicionar ni identificar. la precariedad nunca desapareció, tampoco esos modos de vida peleandose entre esas paredes manchadas por vidas pasadas. Habríamos podido quedarnos toda la vida, 3 años nos dejaron allí propietarios despreocupados, 3 años nos dejo allí una jueza bien informada. Y las calles cercanas ya no son extrañas a nuestras pisadas apremiadas; las caras sonrientes, las caras cansadas, las caras cabreadas, simplemente las caras cotidianas que nos hemos ido encontrando...
pero hay algo más que decir sobre todo esto? algo hay que decir a alguien?
okupar una casa es como descubrir por primera vez un cuerpo deseado: una superficie donde se esconden vidas desaparecidas, a veces borradas con violencia. una frenética arqueología para reconstruir su historia, sin dejar ningún rincón inexplorado. olores del sudor de ésta, corriendo para no llegar tarde al trabajo, de esas comidas para estómagos hambrientos, olores de cables antiguos quemados por nuevos electrodomésticos, olores que deja la ausencia de años de abandono. fotos, cartas, muebles y aparatos esperando servir una vez más, a ser admirados por nuevos ojos; una casa abandonada no conoce el vacío, solo hay supuesta ausencia de vida humana.
algo más que decir sobre esto?
y rápidamente, demasiado rápidamente, se traman nuevas vidas, se exploran posibilidades infinitas, de lo más practico hasta lo más delirante; todo cabe en una piel desconocida, en un nuevo planeta -"lo llamaremos Buenavista Social Casa". No planteamos bandera, pero dijimos: "Madrid, aquí la base de la Tranquilidad. La Golondrina ha aterrizado" y pensamos: "es una pequeña patada en la puerta de una casa, pero un gran paso para la humanidad". y en realidad, era más bien un aumento de potencia para nuestras propias vidas. recuperar una vez más una infinita parcela al mercado inmobiliario, no dejarnos arrastrar por la precariedad y la soledad de las vidas ofrecidas a pastar.
algo más quieres decir sobre esto?
pero tan pocas precauciones hay en el gesto apasionado... y no estamos en la luna, ni en un castillo dorado, ni en tierras vírgenes. y okupar no es estar a puertas cerradas, todo lo contrario. las vidas son muchas en una misma casa, y cada una conlleva historias y relaciones, riquezas y desviaciones, miserias y complicaciones, y a creerse de otro mundo, una se pierde en el laberinto común de un cotidiano desquiciado donde se cruzan idealismo militante y crudeza del mundo capitalista.
y quedan muchas cosas por decir...
